Carta a la madre de mis hijos

Mi nombre es Emma. Hace cuatro años me casé con Andrés y tenemos una nena de dos años que se llama Emilia. Ambos trabajamos de tiempo completo y entre la rutina, la crianza de la niña, el estrés y los problemas económicos, nuestra relación de pareja se fue deteriorando.

 

Un día no pude más y exploté. Salí de casa para refugiarme todo el día con mi hermana. Necesitaba tiempo para mí, para pensar las cosas y tomar un respiro. En la tarde, al regresar, encontré en el comedor una carta de Andrés.

 

“Hola Emma,

 

Sé que te dije cosas horribles. Y aunque siempre trato de no herirte, por lo visto logro todo lo contrario. Te pido una disculpa.

 

Entiendo que te sientas presionada, porque yo también lo vivo a diario, quizá las expectativas para cada uno son diferentes, pero no creas que no valoro lo que haces. Te admiro mucho, sé que eres una mujer muy fuerte y siempre descubro algo que me sorprende y enamora más de ti.

 

Cuando la niña se enferma me da tanto miedo que quisiera encerrarme en el baño a llorar. En cambio, tú todo lo resuelves, le hablas al doctor y estás tan concentrada en atender a nuestra hija que no te das cuenta del pánico que siento.

 

La niña juega conmigo y te molesta que a mí me toquen los momentos divertidos, pero en el fondo yo envidio que tú seas la única que logra calmarla cuando llora. Eso significa que contigo siente seguridad. Aún así, las veo y ambas me inyectan energía para continuar aguantando todas las presiones del trabajo. Mi motor es verlas felices.

 

Sé que tú también tienes un trabajo demandante, por eso quieres que te ayude más en casa, pero también entendí que tu reclamo principal es que necesitas más apoyo emocional de mi parte, yo pensaba que te lo daba, pero por lo visto no es así.

 

Me pongo en tu lugar. Te sientes cansada, fastidiada, preocupada y estresada, te prometo poner más de mi parte para que las cosas no lleguen al punto de ayer. Te propongo que un día al mes, cada uno salga con sus hermanos o amigos, mientras el otro cuida a Emilia.

 

Quiero que te quede muy claro que agradezco a la vida que seas mi esposa y que para mí eres la mejor mamá que pude elegir para mi hija. Además, cada vez que te miro cuando despiertas, siento la misma ternura y el mismo deseo de la noche que te conocí.

 

Te amo

 

Andrés”

 

 

Cada vez que leo la carta recuerdo que aunque mi marido no actúa como yo quisiera, siempre me demuestra su amor (a su manera).

 

Al final nuestros problemas son simple falta de comunicación y expectativas demasiado altas, hasta con nosotros mismos. Ser mamá trabajadora no es fácil, pero ser un papá comprometido y amoroso tampoco lo es, y creo que así como yo le pido apoyo, él busca lo mismo de mí. La diferencia, es que él no sabe cómo pedírmelo.

 

 

 

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