“Hay días que la maternidad me supera”: confesiones de una madre

Ayer por la noche, me acosté.  Mi marido estaba de viaje así que estaba sola en mi cama, respiré profundo y comencé a llorar. Lloré no sé cuánto tiempo pensando en que hay días que la maternidad me supera.

 

Los hijos son maravillosos, sí. Pero a veces son muy difíciles y todo se hace más pesado discutiendo, regañando, escuchando gritos y llantos.  Quisieras de pronto prenderles la tv para que se queden en paz por una hora. Pero sabes que esa es sólo una solución temporal que sí, algunas ocasiones es mucha ayuda para poder respirar, pero en general, tienes que ir enfrentando situaciones que jamás podrías haber imaginado.

 

Como si tu hijo mayor decidió rayar con marcador tu sillón favorito, mientras el hijo pequeño se acaba de caer del tercer escalón de la escalera porque tú tuviste el valor de distraerte 4 segundos para ir a calentar la comida y entonces el mundo (tu mundo) se volvió un caos.

 

A veces, debo confesarles, envidio a las mamás que están tomándose un café en su oficina, peleando tal vez con alguien del departamento de finanzas, pero que no les puede escupir fideos en la cara ni se hará popó hasta la espalda en el carro el día que decidieron no traer un cambio de ropa o toallitas húmedas.

 

No digo que esas mamás sufran menos que yo, que quede claro, sólo que a veces envidio tener momentitos al día de paz, de tomar mi café caliente, de poder ir a hacer pipí justo cuando tengo ganas y no cuando siento que mi vejiga está por estallar, de comerme un pan o caramelo sin tener que atragantarme para que no me cachen.

 

Hay momentos en que quisiera no acostarme verdaderamente agotada, física y emocionalmente, porque regañar a tus hijos duele, escucharlos llorar y no saber de pronto qué hacer es duro. Te hace cuestionarte si realmente naciste para esto, si eres buena madre o si tus hijos acabarán en la calle o recluidos en alguna cárcel comiendo nuggets y paletas toda su vida.

 

Si eres madre, seguro sabes que hay días en los que no tienes ánimo de contar un cuento antes de dormir, que no quieres hacer un baño mágico lleno de burbujas y que de cenar no habrá sándwiches de figuritas.

 

A veces sólo debemos escucharnos y facilitarnos la vida a nosotras, para no sentir que enloquecemos, para no estallar a gritos, porque nuestros hijos necesitan lo mejor de nosotras para ser guiados de la mejor manera.

 

Así que si tú como yo, has tenido un día en el que quisieras correr como Forrest Gump, te invito a respirar profundo y celebrar que tuviste tiempo para llegar al final de este artículo. Un abrazo fuerte mamá, que pronto verás que todo ha valido la pena.

1 Comment
  1. Sí me ha pasado y aunque sólo tengo una hija de 4 años, te comprendo y me identifico con el sentimiento. Son momentos difíciles y estoy de acuerdo en que ayuda mucho compartirlos. Incluso, una vez que ha pasado un tiempo, ayuda a verlos con humor y con perspectiva. Son aprendizajes en este camino de ser madres que vamos forjando junto con nuestros peques.

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