La cesárea es temida pero agradezco que exista, por esta razón…

Cuando llegué al hospital con la fuente ya rota, mi ginecólogo me hizo un último ultrasonido para ver si, por fin, mi bebé se había volteado.

Lamentablemente no fue así, e incluso a través del tacto, se dio cuenta que por su posición estaba en peligro; porque su cordón o un brazo podía salirse en alguna contracción.

Así que no hubo de otra, más que hacer que mi nena llegara a través de una temida cesárea. Y digo temida porque para mi, iba a ser la primer cirugía de mi vida y no sabía  a lo que me enfrentaba.

Sentí una rara tristeza al saber que no iba a poder tener el parto para el cual me había preparado, pero traté de enfocarme en lo bonito de lo que venía y en que si así tiene que ser, así será.

Llegó el anestesiólogo con la epidural y luego vi entrar mi esposo con emoción y nervios en la mirada, me tomó de la mano y me decía que ya estábamos por conocer a esa pequeña, que todo iba a estar bien, que ya nos íbamos a convertir en papás. Fue un momento muy lindo.

Luego comenzó la cirugía, yo sentí que pasaron horas, aunque no fue así y de pronto mi angustia se interrumpió cuando el pediatra le dijo a mi marido: Ven, que ya va a llegar la nena.

Mi marido fue hacia el otro lado y vio cómo mi hija salía de mi panza, yo no podía ver nada y eso me frustraba, sólo quería verla ya, besarla, conocerla y decirle que la amo.

Tuve que esperar un poco pues tenían que revisarla perfectamente, a los pocos minutos, sucedió: Llegó hasta mí ese pequeño ser que se movía tanto dentro de mi, que me pateaba con todas sus fuerzas cada noche a las 4 de la mañana puntual. Y la vi y le dije que la amaba y la besé y supe que mi vida era mejor ahora.

Agradezco tanto que exista la cesárea, porque de no ser por ella, muchas mujeres tal vez perderían la vida tratando de tener hijos, o miles de niños morirían tratando de llegar a este mundo.

Créanme, tener una cesárea no es nada fácil y las semanas después de la cirugía la recuperación es fuerte, el proceso que el cuerpo vive es diferente y hace que la adaptación a la nueva vida sea más difícil.

Así que asegurar que una madre es menos madre por haber tenido  hijos por cesárea es una tontería. Es como decir que una madre que adopta a unos niños y les da todo, tampoco merece llamarse madre.

La maternidad va mucho más allá de parir. Es amar con toda tu alma, es dar la vida por tus hijos, es desvelarte las noches de enfermedad, es cantarle para que se duerma, es correr en su ayuda cuando te lo pide, es regañarlo, consentirlo, bañarlo, jugar con él, prepararle de comer, así que créanme, soy madre al 1000%.

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