Soy bien Grinch, pero ahora tengo hijos

Todavía no termina noviembre y tu vecina ya comenzó a decorar su casa con luces y guirnaldas. Tus compañeros de trabajo están organizado el intercambio de regalos y tus amigos abrieron un grupo en Whatsapp para armar una posada.

La energía de la temporada comienza a invadir cada rincón de tu vida, cosa que te choca porque… ¡tú odias la navidad!

Pero hay un pequeño detalle, en tu casa habitan unos pequeños seres a los que se les iluminan los ojitos con la idea de poner un arbolito navideño, esperan a Santa con ansias, ya quieren ir a comprar los regalos del intercambio de su salón y desean escuchar una y otra vez “campana soobre campaaaana…”

 

Amanda es mamá de dos pequeñitas, María de 7 años e Isabel de 4. Durante muchas años odió la Navidad. “Eran fechas difíciles de llevar”, recuerda con tristeza, “mis papás se divorciaron y en casa teníamos muchos problemas para andar pensando en cena y regalos”.

Ahora que tiene hijas la situación cambió: “En el fondo esta época me sigue chocando, pero al ver a mis niñas tan ilusionadas me siento con la obligación de mostrar mi mejor cara y hacerlas felices”

Y es que Amanda tiene razón, nosotras podemos meternos en una cueva desde el primero de diciembre hasta el siete de enero, pero ¿y los niños?

 

Cómo aplacar a tu grinch interior

Es normal que conforme crecemos la emoción por la Navidad disminuya (aunque conozco personas que tienen el mismo espíritu festivo de Santa Claus). A veces el fallecimiento de un ser querido, el divorcio de los padres, problemas de salud o económicos terminan con la ilusión y simbolizan el fin de una era de buenos recuerdos.

En cualquier caso, ahora que tienes hijos, ¿cómo evitas arruinarles la fecha? Primero ten en cuenta que tus traumas son eso: tus traumas, y no tienes porque pasárselos. Al contrario, lo mejor que puedes hacer para recuperar el ánimo es vivir la Navidad a través de los ojos de tus hijos.

 

 

Olvida el materialismo y la presión por ser feliz que nos impone la sociedad, enfócate solamente en la felicidad que tú puedes lograr: la de tus peques. Ellos no saben de cenas lujosas, regalos carísimos y presiones sociales, solo quieren disfrutar la esencia de la época.

Si el recuerdo de tu infancia te provoca melancolía, crea nuevas tradiciones con tus niños. Seleccionen ropa y juguetes para donar a pequeñitos de una casa hogar, horneen galletas para regalar o cada noche elijan a un integrante de la familia para que cuente una historia de Navidad.

 

 

Dale una nueva oportunidad a la fecha, quizá no te vuelvas la ayudante de Santa más entusiasta, pero al menos les puedes crear una atmósfera de alegría a tus pequeños.

Con un poco de suerte, redescubres la magia de la Navidad.

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