Mi hijo va muy mal en la escuela, ¿cómo le ayudo?

Aunque no lo creas, para los doctores es común escuchar en el consultorio la declaración: “Mi hijo va muy mal en la escuela, ¿cómo le ayudo?”. La mayoría de los padres que acuden con el médico es porque ya han creído agotados todos sus recursos para ayudar a sus hijos y usualmente han aplicado la misma fórmula utilizada por sus propios padres, pero ya no están seguros de que funcione. No tienen éxito.

El Dr. Luciano Berumen, Psicólogo, especialista de la plataforma Doctoralia, tiene la hipótesis de que muchos de los casos están ligados a un abandono emocional: los padres piensan en proveer lo material a sus hijos y con ello  cumplir completamente con su rol paterno. Dejan de lado la importancia de conocer las necesidades emocionales de sus hijos, sus miedos, alegrías… sus afectos.

Las nuevas generaciones se están enfrentando en un mundo globalizado, en donde la tecnología pone a su alcance violencia, sexo, diversiones, drogas, etc. Todo esto, sin un filtro interesado en el bienestar del menor; la globalización es una bomba de estímulos e información.

Esta generación vive un abandono emocional, los padres suplen su ausencia con una pantalla (teléfono, tableta electrónica, computadora, video juegos o cualquier otro dispositivo) y a veces estando tan cerca. Es común ver familias comer con el televisor prendido, o cada uno con su propio celular o dispositivo electrónico, impidiendo la convivencia e interacción de los padres con los hijos.

Existe una gran cantidad de estudios sobre el desarrollo de los niños y adolescentes, relacionados con el tiempo ocupado en cada familia para tomar los alimentos juntos. Está comprobado que en las familias que comen juntas, una vez por día, sus hijos tienen menor propensión a ser drogadictos o alcohólicos; retardan su inicio a la vida sexual y serán menos promiscuos; tienen menores riesgos a cometer delitos y son más exitosos académicamente.

El solo hecho de convivir tranquilamente frente a los alimentos, genera la interacción necesaria para suplir las necesidades emocionales de los miembros de la familia. Cada padre debe cuestionarse la calidad y la cantidad de tiempo utilizado con sus hijos.

 

El niño es un Consentido

Hay padres que buscan resolverles todos los problemas a sus hijos, no permiten que el niño se enfrente con la vida y sus complicaciones; este común denominador ha generado a los NINIS, comenta el Dr. Berumen, no saben enfrentar las vicisitudes del día a día, en el afán de ser buenos padres, estas familias se han convertido en fábricas de personas incapaces de tomar sus propias decisiones. A estos menores les cuesta mucho más trabajo desarrollar un carácter propio.

Límites y reglas sanos

Para una buena comunicación y relación dentro del núcleo familiar, es esencial el trabajo de los padres en la elaboración de un reglamento familiar. Los límites sanos le permitirán al niño y adolescente aprender a convivir y desarrollar su responsabilidad para enfrentarse a la vida.

Cada padre de familia tiene el privilegio de ver crecer a los menores, este privilegio requiere de tiempo y dedicación, no se puede dejar la responsabilidad a otro familiar o a la escuela, o contratar maestros o terapeutas. Esta ayuda debe ser temporal y sólo es para regularizar situaciones.

Impactos emocionales

Hay que tomar en cuenta la historia del menor y los factores que pueden influir en el rendimiento escolar:  alguna pérdida cercana, separación de los padres o crisis emocionales en los padres. La ayuda de un profesional es un apoyo para ajustar las relaciones y apoyar las crisis escolares, sin embargo, asumir la responsabilidad es lo mejor que pueden hacer los padres y enseñar a los menores a enfrentar la vida escolar y sus problemas, este es el entrenamiento para que en las ligas mayores enfrenten su propia vida.

 

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