TIPS PARA LLEVARTE MEJOR CON TU FAMILIA POLÍTICA

Bien dicen que cuando te casas no sólo lo haces con él, sino con la familia entera. Situación que no es fácil de llevar para muchas de nosotras, sobre todo cuando nuestra suegra o cuñadas opinan de todo lo que hacemos: que si el niño no está bien peinado, que si no le gusta como cocino, que si plancho, que si… bueno, creo que saben a lo que me refiero.

 

Lamentablemente no es como que pueda mandar a volar a mi suegra y todo se solucione; es la madre de mi esposo y sé que merece el mismo respeto que yo le pido a mi esposo para mi madre.

 

Así que no me quedó más que morderme la lengua y hacer todo para mejorar la relación. ¿Cómo lo hice? Siguiendo esta lista de consejos:

 

  1. Hablé con mi esposo y le hice saber cómo me sentía. Lo hice de una manera

amable, sin ofender a su familia, porque sé que es un tema sensible. Le expliqué también que quería mejorar las cosas y le pedí algunos consejos para poderme llevar mejor con los suyos, sobre todo con su madre.

 

  1. Cambié de actitud. Antes, en cuanto mi suegra ponía un pie en la casa, me molestaba, ya andaba volteando los ojos y contando los segundos para que se fuera. Así que empecé a respirar y tranquilizarme, pues sabía que si yo no ponía de mi parte, jamás tendríamos una buena relación.

 

  1. Busqué las cosas que teníamos en común. Para evitar hablar de temas en los que su familia y yo no estábamos de acuerdo, busqué cosas en común para centrarme en esos temas cada que los veía y crear un ambiente agradable entre nosotros.

 

  1. Los problemas entre mi pareja y yo, los mantenía en casa. Nada de andarle contando a la suegra -o a mi madre- si estaba molesta con su hijo o no, porque sabía que eso le abría la puerta para meterse en nuestra relación a diestra y siniestra. Y si no lo hacía, sabía que en silencio me/nos juzgaría.

 

  1. Puse límites. Agradecí cada consejo que me dio mi suegra, pero yo quería hacer mi propio camino, así que cuando ya se metía mucho en lo que hacía y cómo lo hacía, de manera muy cordial, empecé a decirle que yo simplemente deseaba hacerlo de otra manera. Cuando se ponía ruda, sólo le agradecía y seguía haciendo las cosas a mi manera, sabía que si no entendía lo que le decía, por lo menos se iba a cansar de hacerlo y me dejaría hacer las cosas a mi manera.

 

  1. Trata como quieres que te traten. Este refrán lo tengo muy claro, pues sé que por muy mal que le caiga a alguien, no me gustaría que me gritara o que hablara mal de mi frente a otros. Así que me aguanto. No es como que me volví  una olla de presión que en algún momento iba a estallar, más bien ya no trataba de entender, sólo respetaba.

 

  1. No me metía en donde no me llamaban. Cuando pedían mi opinión de algún asunto en particular, lo daba, pero si no era así mejor me quedaba callada. Sí, ya se habían convertido en mi familia, pero aún así no dejaban de ser LA familia de mi esposo, no eran mis padres o mis hermanos con quienes viví muchos años de mi vida. Ellos se dieron cuenta y empezaron a hacer lo mismo conmigo.

 

  1. Fui amable y siempre sonreía. No es que fuera hipócrita, al contrario, creo que fui  mucho más inteligente, pues bien dicen porque ahí que duele más la indiferencia que el odio. ¿Si yo siempre soy amable, por qué ellos querrían ser irrespetuosos conmigo?

 

  1. Me dejé de comparaciones. Su familia es su familia y la mía es la mía, nada de: ¡Ay, pues mi mamá jamás haría eso! Siempre salíamos peleados porque cada uno quería defender a su gente y nuestra relación se iba afectando y no podía permitir que por terceros estuvieramos mal.

 

  1. Le dejé claro a mi pareja que ahora los más importantes éramos nosotros dos, la familia que estábamos construyendo. De esa manera logramos un equilibrio donde siempre nos pusimos a nosotros como prioridad.

 

¿Tú que hiciste para llevarte bien con tu familia política?

Bullying en la familia

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